La tele-esclavitud
Por motivos de la pandemia muchas
personas hemos tenido que desarrollar nuestras funciones desde la casa, conservar
el empleo, todo un privilegio en medio de la crisis económica actual. El teletrabajo o trabajo remoto ya existía en
nuestra legislación Colombiana a través de la ley 1221 del año 2008 y solo
hasta el año 2012 se expidió el decreto reglamentario.
El teletrabajo es una modalidad
laboral a distancia, la OIT lo define como una forma de trabajo realizado
alejado de una oficina central, separada de sus colegas de trabajo pero la
comunicación sigue existiendo a través de la tecnología.
Las ventajas de esta modalidad
son para las dos partes, horarios flexibles, se trabaja desde cualquier lugar,
hay reducción de costos fijos para el empresario, promueve la inclusión social,
mejora el tránsito y los índices de contaminación en las ciudades, entre otras.
Es un escenario común escuchar
amigos, familiares quejándose de esta modalidad, que no hay descansos, que se
la pasan trabajando más tiempo, que están saturados de reuniones, de vigilancia
a distancia de sus jefes; no todos tienen un espacio exclusivo en su hogar para
trabajar; sumado al ruido externo de las ventas ambulantes, cantantes y toda
interrupción auditiva; en algunos casos además del teletrabajador, están los
hijos estudiando de forma remota y no cuentan con los dispositivos ni la
conectividad adecuada para todos, la mezcla de actividades laborales con las de
hogar se le ha vuelto un caos a muchas personas.
El término “tele-esclavitud” se
lo escuche a la rectora de la universidad EAN brigitte baptiste manifestando su
inconformidad con esta nueva realidad. Es falta de cultura empresarial sin
duda; estamos todos aprendiendo a vivir de formas un poco distintas por la
situación ya conocida. El exceso de trabajo puede llevar al síndrome de burnout
o trabajador quemado; aquel que sufre desgaste físico y emocional y apatía por
su empleo; cansancio físico, ansiedad, insomnio o cambios de comportamiento. Esto también puede ser calificado como
enfermedad laboral.
Los empresarios que no confían en
su personal desde la casa, deberían en mi humilde opinión empezar por entender
que están trabajando con adultos; o no sé qué clase de adultos necesitan; Se debe empezar a pedir resultados o
productos a los trabajadores, no horas, ni jornadas, ni encontrar oficios
rebuscados para justificar los salarios.
Las videoconferencias son otro de
los problemas, si bien nos acerca, a veces son innecesarias y aburren; no es
necesario horas de videoconferencia, creería que deben ser muy puntuales; y
veinte minutos es más que suficiente para una reunión; las reuniones virtuales no requieren el uso
constante de cámara que afecta la conectividad; el ruido externo es algo
inevitable tal parece; se requiere de un orden del día; definir tareas previas,
llevar resultados, fijar una agenda, una hora de inicio y de finalización; lo anterior para que sea realmente necesaria
la reunión.
Necesitamos aprender a
comunicarnos; es terrible que en las empresas se use whatsapp como medio de
comunicación, cuando de por si es una red social; ¿compartiría usted asuntos
laborales e información de la oficina por Facebook o instagram? ¿Entonces porque lo hacen por whatsapp?
Es necesario además, Aprender a
escribir de manera clara y concreta; enfocarse; pocas palabras por frase;
palabras claves y datos; no adjetivos. Adicional acondicionar un buen lugar de
trabajo desde la casa y hacer lo que llaman los expertos en trabajo remoto, un
contrato laboral con su familia; definir reglas y rutinas.
El trabajo remoto seguirá
aumentando, requiere de un cambio de pensamiento y adaptación por parte de
trabajadores y empresarios; en algunos países de la unión Europea las empresas
reconocen pagos a los trabajadores por cuentas de internet y energía eléctrica
y asumen el costo de sillas ergonómicas y escritorios, según cifras del
ministerio de trabajo, en Colombia se pasó de 122 mil teletrabajadores a casi 4
millones de personas en estas condiciones, es por esto que hay que seguir
reglamentando esta modalidad.
Alex Granados Trujillo
