20 de Noviembre de 2013
Decisiones Éticas y Responsabilidad Social del Contador Público
Autor: Alex Fernando Granados
Esp. en Derecho Tributario
Esp. en Derecho Tributario
En atención al acuerdo al que llegaron el Gobierno Nacional y las FARC sobre participación política en las negociaciones de Paz; pregunté antes de dar inicio a mi clase a los alumnos de noveno semestre de Contaduría Pública, si estaban de acuerdo o no con la salida negociada al conflicto armado de nuestro país; de 20 personas, 3 aprobaron la aprobaron y los restantes (17) afirmaron que la solución debe darse de manera militar. Me sorprendió el resultado de esta improvisada encuesta y pedí a quienes dieron como respuesta un “no”, sus argumentos. Los testimonios me resultaron un tanto egoístas, teniendo en cuenta la historia de nuestro país, que en 50 años de conflicto ha pagado un precio muy alto, en su mayoría traducido en la pérdida más de 220 mil vidas.
Si los estudiantes y profesionales pierden su sentido crítico, del Ethos, del Humanismo, de la cooperación, de la solidaridad para ser sensibles a la desigualdad, a la miseria, al desempleo, a la injusticia, a la corrupción; fenómenos que vienen siendo los verdaderos problemas de la sociedad Colombiana, ¿de dónde sacaran elementos para la tan nombrada Responsabilidad Social empresarial?
De manera empírica podemos coincidir en que el ejercicio de la profesión de contador público está viciado, por fallas que se presentan día a día, exista o no dolo, por el afán de los empresarios en obtener lucro y maximizar el valor de cierta entidad; o por omisiones en las que se incurren por el exceso de responsabilidades en cabeza del contador público que actúa como: revisor fiscal, auditor, consultor y asesor, según sea el caso.
La responsabilidad social empresarial es una práctica en la que las empresas generan valor agregado teniendo en cuenta –entre otras cosas- que el sistema económico actual prevé la escases de los recursos no renovables, que se debe reparar los efectos de la expansión de las industrias. La responsabilidad social del individuo, que para nuestro caso es el Contador Público, recae sobre el interés general, y cómo sus actuaciones pueden afectar a los usuarios de la información que hoy en día no son internos ni externos, sino indeterminados.
No es gratis que los contadores públicos tengan tarjeta profesional y que por Ley se tenga un código de ética para ellos; la responsabilidad implica el compromiso, la obligación de hacerse cargo de sus actos y de las consecuencias y efectos que estos tienen sobre la sociedad, por tanto, va mas allá del simple cumplimiento de la ley, la implicación suprema es el “interés general”.
Así las cosas, es muy común encontrar contadores públicos que participan en actos tales como la firma de certificaciones no basadas en la realidad, elaboración de soportes para la solicitud de saldos a favor originados en IVA con información contraria a la realidad; Revisores fiscales que no ejercen vigilancia y control y se limitan a firmar y cobrar sus honorarios; expedición de dictámenes limpios cuando en mucho casos el mismo debería tener salvedades, retención de libros de comercio de sus clientes; participación en la evasión de impuestos, entre muchas otras.
No pretendo criminalizar al contador público, ni mucho menos estigmatizarlo, la intención es recordar la importancia que implican sus actuaciones y las consecuencias que, como efecto domino, afecta a un grupo de personas. El ejercicio del contador público debería ser más participativo de las decisiones que se toman en su país, no aislado y sesgado a lo técnico netamente.
De todo lo anterior, y a modo de reflexión, me permito citar un extracto de los manuscritos filosóficos y económicos de París, 1844, Marx: “ La economía política ciencia del capital, no conoce al trabajador parado, al hombre de trabajo en la medida en que se encuentra fuera de esta relación laboral; el pícaro, el sinvergüenza, el pordiosero, el parado, el hombre de trabajo, hambriento, miserable y delincuente, son figuras que no existen para ellas; si no solamente para otros ojos, para los ojos del médico, del juez, del sepulturero, del alguacil de los pobres etc. Son fantasmas que quedan fuera de su reino, por eso, para ella, las necesidades del trabajador, se reducen solamente a la necesidad de mantenerlo durante el trabajo, de manera que no se extinga la raza de los trabajadores”.